domingo, 22 de febrero de 2009

Nuevos pasos, nuevos desafíos, nuevas responsabilidades...


Bueno, es sabido que cada cierto tiempo, el hombre quiéralo o no, tiende a hacer una retrospección de sus actos, logros y proyectos, la mayor parte del tiempo en forma inconciente, pero cuando lo hacemos en forma conciente se vuelve una terapia y un autoconocimiento muy enriquecedor...

Así estamos entonces, a días de recibir (si Dios quiere) un nuevo cargo dentro de la empresa, y entrando en tierra derecha para alcanzar el primero de mis objetivos... la gerencia. No ha sido fácil, eso es seguro; aunque tampoco sangro ni desfallezco. Debo dar gracias a mi amigo de arriba que me ha acompañado siempre y me da las fuerzas para lograr todo o casi todo cuanto me he propuesto.

JdG... mmm... me gusta la idea del nuevo ascenso y tal vez me asuste un poco, no por no dar la talla, sino por tener la capacidad de rendir y entregar todo cuanto se espera de mí, que no es poco.

Haciendo un giro en la retrospección, te he visto una vez y creo que te conozco desde hace mil años. Escuchar tu voz me alegra el corazón y calma todas mis ansiedades. Espero poder compartir contigo un bello futuro y que podamos llegar a conocernos mucho más de lo poco que lo hacemos hoy en día. Anhelo que llegue el Miércoles, día de mi ceremonia de ascenso, pero no por eso, sino para poder verte y hablar contigo en frente una vez más... La necesidad en que te has transformado es casi una locura, pero nunca me sentí así antes y me gusta. Soy un torbellino de emociones y eso en gran parte se debe a ti. Acéptame, déjame entrar en tu alma y caminemos juntos por esta vida, esta empresa y esta amistad...

Volveremos a vernos pronto, espero que tu reacción sea buena, pues me confundes, me descolocas y me dejas perplejo. No solía sucederme eso, pocas personas me dejan sin habla, pero tu me quitas el aliento y mi corazón salta y trata de arrancar de mi pecho...

Te extraño, tontera o no, te extraño...

domingo, 25 de enero de 2009

Todo terminó... ahora todo comienza...



Y entonces sucedió. Me desperté aquel día sabiendo que todo era diferente, presintiendo que era un nuevo comienzo, con los hombros descansados y livianos, sin ese peso que cargaba en forma, quizás, involuntaria.

Pero sucedió. Al mirar por la ventana de mi vida, vi como un nuevo día daba comienzo y pude ver el sol de la esperanza brillando sobre los verdes prados de mis sueños. Mis proyectos se iban materializando poco a poco como castillos fuertes e impenetrables. Sentí el abrazo cálido y protector de mi valentía, que me animaba a continuar. Una voz grácil y casi inadvertible como la brisa de verano me invitaba a caminar por sobre los hermosos parajes que había ya logrado conquistar.

Y no temí partir, no tuve miedo de avanzar. Supe que era lo correcto, que me lo merecía desde siempre y que lo tenía ganado por derecho desde incluso antes de haber nacido.

Hoy camino, libre, tranquilo, inmensamente felíz y seguro de mi. Todo está como debió estar y doy gracias por eso. Doy gracias a Dios por no abandonarme en ningún momento, a todos los que han estado, están y que estarán por siempre junto a mi y que aportan día a día a mi felicidad. Espero en parte poder retribuirles.

Ya los sueños inalcanzables han quedado atrás... ahora es cuando empiezo a vivirlos...