
Claro... es así... hay oportunidades en la vida en que todo parece comenzar de cero. Hay momentos en que parece que todo lo malo desaparece y es como si se te brindara una segunda oportunidad de forjar tu destino.
Allí es donde me encuentro ahora. Mi vida ha dado bastantes giros inesperados como para que el último me haya tomado por sorpresa. Hoy, cuando ya tenía asumido haber perdido la capacidad de asombro, me doy cuenta que asumir sin experimentar no funciona y que creer que está todo dicho es sólo el miedo a intentar y es la forma de camuflar y escudar a un corazón que ha sufrido innumerables heridas de guerra, pero que está cansado de luchar una batalla que parecía no poder ganar.
Pero, sin embargo, en todos estos momentos de incertidumbre emocional, viceral y mental, la respuesta golpea las paredes de mi mente y se escabulle cual bandido directo a mi corazón.
En el intersticio ubicado entre las paredes nerviosas de mi órgano motor y mi alma, está toda la fuerza, la seguridad y las ganas de arriegar no una vez, sino dos, tres o cuantas veces sean necesarias para lograr el fin deseado, la felicidad plena, el amor verdadero, el encuentro de mi alma gemela.
¿Fácil? No, no será para nada fácil, pero... ¿Cuánto valoramos lo que se nos da fácil? Pues muy poco. Tal vez lo complicado sea proporcional a lo amado. Claro, es así; cuanto más te cueste llegar a la cima de tu montaña, más adorarás el paisaje que tendrás del otro lado de ella. Cuanto más difícil te resulte llegar al fondo de ese mar... más extasiado te sentirás por la vista de ese arrecife que añorabas alcanzar.
¿Suena bien no? Pero todo esto debo hacerlo con el cuidado de no confundirme y dejarme pisotear, humillar o deshonrar. Cuando ya ves que ese esfuerzo tiene como precio tu honra o tu bienestar emocional, pues has de saber retirarte a tus trincheras y dejar que la batalla se libre en forma externa a ti y cubrirte hasta que el riesgo sea menor que el beneficio a conseguir.
